Andares belloteros

Salud
Hace unas semanas visité un maravilloso pueblo del Norte de Portugal enclavado en la “Serra do Gêres” llamado ” Campo do Gêres”. Estuvimos hablando de plantas silvestres y después hicimos algunas recetas culinarias con ellas. Aprendimos cosas nuevas de algunas plantas porque en el Norte de Portugal como en Galicia, sobretodo el interior, aún se recuerda algo de la ya perdida tradición de curarse con plantas.
Un chico que no llegaría a los 40 nos contó como de pequeño se clavó una rama afilada de “estripeiro” (el peral silvestre) en la planta del pie y al día siguiente veía como la infección le iba subiendo desde el talón, al tobillo y a toda la parte inferior de la pierna. Su abuela hirvió un buen manojo de hojas de malva (Malva sylvestris, o una muy parecida y con las mismas propiedades, la Lavatera cretica) y le hizo poner el pie dentro de un barreño con el agua de decocción de la malva. Nos contaba que recuerda como en pocos días le empezó a deshinchar la pierna y a pasarle el dolor y la infección, y que por eso le tenía tanto “agarimo” (cariño) a las malvas. Una chica de unos treinta nos dijo que se había curado “milagrosamente” una quemadura grave y heridas abiertas con el jugo crudo de la humilde celidonia, también llamada hierba de las golondrinas (Chelidonium majus). En otro encuentro nos contaron curaciones de herpes zooster y yo mismo he aplicado su jugo amarillo a un pequeño eccema en la cara y en una sola aplicación a los tres días desapareció. Ya, María Treben contaba maravillas de esta plantita.
Lo que más me emocionó fue cuando Miguel nos relató la historia de una abuela del pueblo. Antes de nada disculpad por la imprecisión de algunos datos, volveré a pedirle que me precise algunas cosillas, si las recuerda.
El caso es que cuando esta abuela era algo más joven, de mediana edad, se comenzó a encontrar mal, así que al cabo de un tiempo se desplazó a Braga a la consulta del médico. Éste la examinó y le comentó que no había mucho que hacer (aquí no recuerdo si le dio un diagnóstico concreto tipo cáncer o enfermedad autoinmune…). La señora se volvió a su pueblo y se preguntó: ¿Cal é a herva mais brava que nace neste lugar?. Así que decidió, después de observar y reflexionar, que la planta más rústica, agreste, salvaje y más superviviente era “a Silveira”, Zarzamora en castellano (Rubus spp). Comenzó a tomar infusiones de “silva” hasta que empezó a mejorar y a volver a recuperar la salud. Sin entrar en posibles explicaciones, que las podríamos encontrar con una mente más o menos abierta, aunque no todas…lo que más me llama la atención es la fortaleza de estas gentes tildadas por la modernidad y la progresía como paletas, toscas, pobres, ignorantes, incultas…que decide tomar la responsabilidad de su salud con sabiduría, valentía, fortaleza de espíritu y sin miedos… contrariamente a lo que hacemos hoy los y las “modernos”, comportarnos como pacientes, sumisos, obedientes, resignados y temerosos de la autoridad del doctor y, por ende, abrazar fervientemente al Estado de bienestar (Estado de felicidad), pues como dice Félix en su libro “La Democracia y el triunfo del Estado”  “…quien ama la felicidad y teme el sufrimiento evidencia que es un esclavo que ni merece ni puede ni quiere ser libre.” 
Así que aquí os dejo un video muy muy sensato de Josep Pamies, una persona valiente, sabia y comprometida
Como no podía faltar, os adjunto la ficha de la “Silva”… a la memoria de esas magníficas gentes….
Un abrazo
César
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