Recursos silvestres

Félix Rodrigo Mora: “Manual de cocina bellotera para la era postpetrolera”

En oposición a la explicación simplificadora, economicista y puramente inventada del origen de la agricultura que hoy se difunde, la cual toma como axioma los bajos rendimientos de las actividades recolectoras que, pretendidamente, hicieron inevitable el quehacer cultivador cuando la población superó un cierto umbral demográfico, está lo que sabemos de cierto de la implantación de la agricultura en la península Ibérica. Para el caso de Tartessos, el historiador Justino expone que la agricultura fue una imposición del aparato estatal, esto es, que resultó de motivos políticos y que no tuvo que ver con una pretendida escasez de recursos o un exceso de población. Lo mismo encontramos en la versión que Floro proporciona de la imposición de la agricultura, como actividad principal, a los astures y cántabros vencidos por Roma a partir del año 19 antes de nuestra era. Se trataba de hacer que estos pueblos, una vez sometidos, viviesen al modo romano, esto es, que se hicieran dóciles y sumisos de una manera inherente o consustancial, y no de producir más ni de aliviar hambrunas, por lo demás dudosamente existentes.

La versión de Floro, leída con reposo y penetración, expone lo contrario del dogma ortodoxo, pues incluye datos de que esos pueblos libres del norte eran bastante pujantes en lo demográfico y conocían la abundancia de bienes, lo que lograban combinando recolección y agricultura, con predominio de la primera. En efecto, aunque sobre este asunto aún hay mucho que investigar y reflexionar, lo conocido hasta ahora parece indicar que la agricultura es instaurada por una decisión política ilegítima, cuya finalidad es la búsqueda de ventajas en términos de la constitución de un cuerpo social y de un sujeto hiper-ocupado, dócil y obediente a las instituciones, no para incrementar la producción de alimentos. Ésta puede darse o no, según las circunstancias, pero no es la principal meta. (Félix Rodrigo Mora; Manual de cocina bellotera para la era post-petrolera)

 

John Zerzan: “Futuro Primitivo”.

El ritual y la magia dominaron, probablemente, los orígenes del arte (en el paleolítico superior) y sin duda jugaron un papel esencial, mientras la división del trabajo se imponía progresivamente, en la coordinación y la conducta de la comunidad. En el mismo orden de ideas, Pfeiffer vio en las célebres pinturas parietales europeas del paleolítico superior el primer método de iniciar a los niños en unos sistemas sociales que se habían vuelto complejos, la educación fue entonces necesaria para el mantenimiento de la disciplina y del orden. Y el arte podría haber contribuido en el control de la naturaleza, por ejemplo facilitando el desarrollo de una noción primitiva de territorio.
La aparición de la cultura simbólica, transformada por su necesidad de manipular y de dominar, abrió la vía a la domesticación de la naturaleza. Después de dos millones de años de vida humana pasados respetando la naturaleza, en equilibrio con otras especies, la agricultura modificó toda nuestra existencia y nuestra manera de adaptarnos, de una manera desconocida hasta el momento. Nunca antes una especie había conocido un cambio radical tan profundo y rápido. La autodomesticación por el lenguaje, por el ritual y el arte inspira la dominación de animales y plantas que le siguen. Aparecida hace solo 10.000 años, la agricultura ha triunfado rápidamente pues la dominación genera por si misma, y exige continuamente, su reforzamiento. Una vez difundida, la voluntad de producir ha sido tanto más productiva cuanto más se ejercía eficazmente, y de hecho tanto más predominante y adaptativa.
La agricultura permite un grado creciente de división del trabajo, crea los fundamentos materiales de la jerarquía social e inicia la destrucción del medio. Los curas, los reyes y el trabajo obligatorio, la desigualdad sexual, la guerra … son algunas de las consecuencias inmediatas.
Mientras que los humanos del paleolítico tenían un régimen alimenticio extraordinariamente variado, se alimentaban de varios miles de plantas diferentes, la agricultura redujo notablemente sus fuentes de aprovisionamiento.
Dada la inteligencia y el basto saber práctico de la humanidad durante la edad de piedra, se puede hacer la pregunta “¿porqué la agricultura no ha aparecido, por ejemplo, un millón de años antes, en lugar de solo 8.000 años?” (John Zerzan; Futuro Primitivo)

 

Antropóloga Marija Gimbutas:

Foto  antropóloga Marija GimbutasNos han obligado a creer que la historia humana ha sido siempre así: gobernada por hombres guerreros más o menos poderosos según la fuerza de sus espadas y el poder de sus ejércitos. Hemos interiorizado una única versión de la historia llena de fronteras, emperadores y guerras. Nos han hecho creer, o nos hemos creído, que antes de la aparición de las catalogadas como primeras civilizaciones no había nada, que los seres humanos vagaban por ahí malviviendo y luchando contra la naturaleza hostil.

Pues bien, según nos revelan innumerables muestras arqueológicas del periodo neolítico europeo, hubo un tiempo en el que el ser humano vivió durante milenios en pequeñas aldeas y ciudades asentadas en el centro de los valles, mucho tiempo antes de que sus futuros descendientes se vieran obligados a vivir en fortificados castros en lo alto de las montañas por temor a que alguien les atacase. A esta época de nuestro continente se la conoce como Vieja Europa, término acuñado por la arqueóloga lituana Marija Gimbutas, cuyas investigaciones se han convertido en referenciales para todo aquel que pretenda sumergirse en la prehistoria.

El término Vieja Europa se aplica a la cultura pre-indoeuropea, una cultura matrifocal y probablemente matrilineal, agrícola y sedentaria, igualitaria y pacífica. Contrasta agudamente con la cultura proto-indoeuropea que viene después, que era patriarcal, estratificada, pastoral, móvil, y guerrera, que se impuso en toda Europa   excepto en algunas franjas del sur y del oeste de Europa, a lo largo de tres olas de infiltración desde las estepas rusas, entre el 4500 y el 2500 a.c.” Marija Gimbutas, “Diosas y Dioses de la Vieja Europa”.

 

Daniel María Pérez Altamira:

“En este estudio venimos a demostrar, que la bellota lejos de no formar parte de las culturas de estas provincias, si forma parte de dichas culturas y viene a romper un tópico respecto a que los vascos-as, no comen ni habían comido bellotas. Si, efectivamente, en este estudio se demuestra que los vascos, han comido y comen bellotas, y que esto forma parte de su cultura, y que lejos de ser un una cosa a esconder y de desprestigio, esun hecho, que a los vascos nos tiene que llenar de orgullo, ya que con las bellotas aprendimos a sobrevivir y a hacer los pueblos sedentarios, sin la bellota no habría sido posible el asentamiento de los pueblos sedentarios. Le debemos a la bellota nuestra esencia más genuina, el sedentarismo y el arraigo a la tierra en la que vivimos. La bellota nos enseño a ser sedentarios, con ella aprendimos a almacenar, a nuevas formas de gastronomía, a secar frutos, a organizar las viviendas, las calles, aprendimos a hacer cabañas aisladas sedentarias, preludio de la más genuina de las viviendas vascas: el caserío. La bellota posibilitó que la lengua que hablamos, el euskera, se pudiera transmitir en estas viviendas sedentarias, y permitió que la agricultura y la ganadería se pudiera dar. Todavía se guarda en la memoria colectiva, que las bellotas también se utilizaban para dar de comer a los cerdos y que también se almacenaba esta bellota para alimentarlos. En este sentido es de general conocimiento en la etnobotánica actual, que la carne de cerdo, alimentada con bellotas es mas sana, circunstancia que actualmente se confirma en estudios actuales. Pero en la etnobotánica actual también se nos dice que la bellota también se daba a otros animales, como ovejas y burros. Esto nos viene a confirmar, que los primeros estabulamientos de ganado se dieron de la mano de la bellota. La bellota hizo posible que animales que antes tenían que ir a zonas más cálidas donde pasar el invierno, pudieran pasarlo en los asentamientos de los pueblos y cabañas aisladas. Por tanto la bellota lejos de ser un alimento a esconder, es un alimento que nos hizo ser como somos actualmente: sedentarios y dependientes, tanto nosotros como
nuestros animales, de almacenamientos de alimentos vegetales; con la bellota dimos el primer paso para la aparición de la agricultura y en el caso de la ganadería, dimos el paso definitivo de su estabulación temporaria o fija.
Por tanto la importancia de este estudio etnobotánico de la bellota viene, de que al ser un recurso abundante, tanto ahora como en el pasado, nos da una idea de cómo pudo empezar, el sedentarismo y la consiguiente explosión demográfica, posiblemente anterior a la aparición de la agricultura. Muchas de las menciones de los autores antiguos latinos, sobre los pueblos que habitaban estas provincias, hablan que la mayor parte de su alimentación estaba basada en la bellota, lo cual nos indica que a pesar de ser pueblos que practicaban la agricultura, como lo demuestran los últimos estudios arqueológicos, hechos en la zona, también practicaban la recolección de las bellotas.
No podía ser de otra forma, un recurso que estaba ahí en abundancia y que daba menos trabajo que la agricultura no se podía despreciar. Los últimos estudios arqueológicos hechos en estas provincias, también confirman la existencia de consumo de bellotas. Es curioso observar como en el estudio etnobotánico que hemos realizado, se observa que no solo se aprovecha la bellota que está en el monte de manera temporaria, comiéndola allí mismo o lanzando a los cerdos para que se la coman, sino que en muchos de estos pueblos se recolecta la bellota y se almacena en los caseríos y los pueblos, bien para alimentar a los cerdos o bien para alimentar a las personas. Esto denota que todavía en estos pueblos y caseríos, se guarda la forma más antigua de aprovechamiento de un fruto, en este caso la bellota. Hay que recordar a este respecto como en estos estudios arqueológicos, se observa que los primeros cereales y legumbres plantados en Guipúzcoa, son el haba, el guisante y de cereales la espelta(trigo) y el mijo. Pues bien, la bellota es un recurso que ya existía anterior a estos y el almacenaje posiblemente también. Si observamos a otros pueblos del mundo como los indios de California, así como otros pueblos cazadores- recolectores sedentarios, vemos que eran sociedades donde se habían creado pueblos sedentarios y donde se había dado un crecimiento importante, respecto a pueblos cazadores- recolectores nómadas, esto era debido a que habían desarrollado el almacenaje de un producto natural abundante, como es el caso de la bellota, pero no plantaban bellotas, ni araban la tierra. Esto nos lleva a pensar, a que al confirmarse que todavía se recoge bellota en estas provincias y se almacena, se conserva la forma en que el ser humano aprendió en estas provincias a almacenar los alimentos vegetales, tales métodos de almacenamiento le sirvieron posteriormente, para aprender a almacenar los excedentes vegetales sacados de la agricultura. Este descubrimiento etnobotánico es de capital importancia, porque nos demuestra que el almacenamiento de la bellota tuvo que ser anterior, a los de los cereales y las legumbres, y vendría a confirmar otra cosa importante, que la aparición de las ciudades sedentarias y la explosión demográfica en esta zona, no fue debida a la aparición de la agricultura, sino a la aparición del almacenaje de bellotas principalmente. Los pueblos que sólo viven de la caza, la pesca y la recolección y no practican el almacenaje de productos vegetales como la bellota, presentan muchas mas penurias en las épocas de escasez y por tanto, sus crecimientos demográficos son menores. (Daniel María Pérez Altamira, http://www.danielmariaperezaltamira.com/2010/03/la-bellota-en-la-alimentacion-vasca.HTML

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